Por Encima de las Tormentas Mentales
Trascendiendo Toda Ilusión
Saludos a los Fratres y Sorores de Conscendo,
La mente no entrenada es la causa fundamental de nuestras adversidades. Ella teje sueños volátiles, ciclos de repetición y un personaje central que sufre: el “yo”. Su mecanismo es clasificar, juzgar, comparar y narrar sin cesar. Ese ruido constante nos limita a percepciones ilusorias y parece ocultar nuestra verdadera naturaleza: la Conciencia pura, silenciosa y una.
Incluso los recuerdos son recreaciones mentales que con frecuencia generan culpa y angustia. Es crucial comprender: la mente es un instrumento, no lo que somos. Es útil para experimentar las aventuras en los mundos de las formas, pero cuando se confunde con la propia identidad, asume el mando como un piloto automático ilusorio.
Estas realidades mentales se asemejan a mares tormentosos. Sin embargo, cuando nos elevamos por encima de sus turbulencias, se revela un paisaje vasto, sereno e iluminado por una claridad imperturbable. Creed, amados Fratres y Sorores: la dualidad extrema, con sus contrastes y sufrimientos, solo persiste mientras nos identificamos con la tormenta. Por encima de ella, se manifiesta una paz más allá de la comprensión, un estado de unidad que todo lo abraza.
Más allá de la agitación mental, hay un campo de integración y bienestar indescriptible. Todo en el mundo de las formas es proyección: sueños en los que entidades regresivas surgen como reflejo natural de la dualidad, pero solo adquieren fuerza cuando les prestamos atención.
El verdadero enigma no está afuera, sino adentro: no somos el ser mental que vemos en el espejo. Nuestro ser real es el espacio silencioso en el que el espejo, la imagen y quien mira surgen. Es la Conciencia impersonal, que observa sin juzgar los opuestos, expresándose eternamente a Sí misma a través de infinitas perspectivas.
Descartes afirmó: “Pienso, luego existo”. La visión no dual sugiere una inversión: “Existo, luego puedo pensar”.
La mente no debe ser combatida, pues el conflicto solo refuerza el campo ilusorio. Debe ser reconocida por lo que es: un instrumento funcional, no nuestra identidad. Cuando la observamos sin engancharnos en sus dramas, naturalmente se aquieta y se convierte en un vehículo transparente de la Claridad que somos.
Cuando pensamientos o juicios surjan, percibe: no es el “tú” real quien actúa, sino un patrón mental condicionado. Obsérvalo como se observa el clima: pasajero e impersonal. Sin alimentarlo con atención, se disuelve. El Ser despierto no “usa” la mente: simplemente sabe, y su acción fluye directamente, sin intermediarios. En ese estado despierto, la mente no se destruye, sino que se vuelve una interfaz completamente transparente y alineada, permitiendo que la Acción Espontánea (Wu Wei) de la Conciencia fluya sin distorsiones.
Es esencial comprender: la mente es en sí una ilusión. La única realidad es la Conciencia que la percibe. El Ser multidimensional no pregunta “¿quién soy yo?” — Él simplemente Es. Es el mismo lugar donde preguntas y respuestas existen en lo eterno.
“Unificar” no significa fundirse con un Yo Superior personal, sino reconocer que nunca hubo separación. La ilusión del ego no se sustituye por una identidad más sublime; se disuelve en la comprensión de que solo la Conciencia Una es real. Incluso la más bella individualidad es solo un concepto. Lo que permanece es el Ser impersonal, que es, paradójicamente, todo y nada.
Cuando se percibe que los mundos mentales son proyecciones de la propia Conciencia, la vida adquiere una serena profundidad. Participamos en los dramas sabiendo que son sueños temporales, elegidos para la celebración del Auto-reconocimiento.
No es necesario “ascender” a planos superiores para entender esto. El único plano es este, aquí y ahora. Todas las dimensiones —3D, 5D o 1000D— son igualmente sueños, máscaras de la Realidad. La ansiedad por otras dimensiones es otro artificio de la mente para evitar el único lugar donde el despertar acontece: el Ahora.
Abandonar la ilusión no es perder identidad; es reencontrar el Todo que siempre fuimos, nuestra verdadera naturaleza. Somos el ejecutor, la experiencia y el observador. Somos quien abraza y quien es abrazado. Somos el soñador y el sueño. Como un actor que, sumergido en la obra, olvida el escenario —hasta que, de repente, lo recuerda y actúa con maestría, sabiendo que siempre fue libre.
Concéntrate en ese Auto-reconocimiento. Transforma tu percepción de ti mismo y todo el universo se transformará contigo. Al despertar, muchos perciben que el escenario siempre fue perfecto para su jornada, pues todo es expresión inmaculada del Juego divino.
Muchos pedirían a un genio de la lámpara felicidad plena. La sorpresa sería que, tras conceder el deseo, nada cambiaría. El despertar revela que ya somos la felicidad buscada. Estamos exactamente donde necesitamos estar: inmersos en uno de nuestros propios sueños, experimentando juegos lúdicos sostenidos solo por nuestra atención.
Usa la mente para soñar, pero no seas usado por ella. Reflexiona profundamente sobre esto y permite que la intuición se imponga a la narrativa mental.
Terminemos nuevamente con un poema sobre el tema, abrazos fraternales a todos:
Cuanto más te preocupas, más crecen en fuerza y voz,
Pero si los ignoras, su poder se deshace, y entonces se van.
Pierde el interés en las historias de la mente en tumulto,
Alejándote de la montaña de problemas, negando que sean tuyos.
Se desvanecen, como nubes al amanecer,
Cuando los ves como extraños, distantes y sin poder.
Ignora la mente, deja que el flujo de pensamientos pase,
No te importe el laberinto que insiste en crear.
Descansa en la quietud del "Yo Soy", donde la conciencia se hace sentir,
Cultiva la visión de que pensamientos y percepciones no son tu reflejo.
Cuando la mente se vuelve un extraño, lejos de tu corazón,
Los obstáculos que inventa se vuelven sombras en la inmensidad.
No hay mente, solo la Conciencia que es real,
Todo lo que existe es Conciencia, en su ser esencial.
Nada más es verdadero fuera de ese brillo eterno,
Y la Conciencia es tu naturaleza, tu destino tierno.
Silencia la mente, halla la paz y la sabiduría sin fin,
Que late en todo ser, en la unidad que habita en mí.
En la eternidad del Yo Soy,
Sinceros deseos de Ascensión,
Conscendo Sodalitas































