Más Allá del Vacío

La Conciencia Primordial


Saludos, amados Fratres y Sorores de Conscendo,

La búsqueda de la comprensión de la Conciencia pura es un desafío milenario, presente en las más diversas tradiciones espirituales y filosóficas. Sin embargo, la naturaleza trascendente de la Conciencia, que opera más allá de las limitaciones del pensamiento y del lenguaje, hace que este camino sea complejo y paradójico. Frecuentemente, la experiencia de la Conciencia pura se describe como un “vacío”, una “nada absoluta”. No obstante, esta interpretación puede conducirnos a un callejón sin salida nihilista, oscureciendo la verdadera naturaleza de este estado primordial. Este texto busca explorar la profundidad de este “vacío”, desvelando su potencial ilimitado y su intrínseca conexión con la plenitud de la existencia.

El lenguaje y el pensamiento son herramientas del plano mental, que operan en dualidades, en conceptos y en el tiempo-espacio. La Conciencia pura, en cambio, trasciende estas limitaciones. Por lo tanto, cualquier intento de describirla con la mente inevitablemente la distorsiona y la limita. Las descripciones que encontramos en las tradiciones son, en verdad, aproximaciones, metáforas y símbolos que apuntan más allá de la comprensión mental.

El lenguaje, con toda su complejidad y matices, es una herramienta esencial para la comunicación y el entendimiento en el plano mental. Sin embargo, ante la vastedad y la profundidad de la Conciencia, revela sus límites. Las palabras, construidas sobre dualidades y conceptos, pueden guiarnos hasta cierto punto, pero llega un momento en que es preciso silenciar la mente y sumergirse en el silencio interior para realmente aprehender la esencia de la Conciencia. Así como un músico domina su instrumento, pero también comprende la importancia de las pausas y de los silencios en una melodía, debemos alternar el uso del lenguaje con la práctica del silencio. El silencio no es ausencia de sonido, sino la presencia de quietud, el espacio donde la intuición se manifiesta y la Conciencia se revela. Es en el silencio donde trascendemos las limitaciones del pensamiento y nos conectamos con nuestra esencia divina, experimentando la paz y la serenidad que habitan en nuestro interior. De este modo, el texto, al aproximarse al misterio de la Conciencia, también debe abrir espacio para el silencio, conduciendo al lector a una pausa reflexiva, a una escucha atenta de lo que emerge del corazón. Las palabras de Eckhart Tolle resuenan aquí, recordándonos que la verdad última está más allá del alcance del intelecto.

Algunas descripciones de las experiencias en el plano de la Conciencia pueden hacernos suponer que la existencia en ese nivel se aproxima a la “nada absoluta”, puesto que la dualidad se reduce de manera extrema. Esta es una trampa común del lenguaje, que tiende a polarizar los conceptos. La “nada” de la Conciencia pura no es un vacío absoluto en el sentido de inexistencia. Es un “vacío” de formas, conceptos, tiempo y espacio, pero es al mismo tiempo la plenitud de todo potencial. Como el Brahman en el hinduismo, es la base subyacente de toda manifestación, la esencia de la cual todo emerge.

La identificación de la Conciencia con la “nada” puede conducir a una visión pesimista y nihilista de la existencia, donde la vida se convierte en un mero accidente condenado a la aniquilación. Esta perspectiva desconoce la naturaleza dinámica y creativa de la Conciencia, reduciéndola a un estado estático e inerte. Para evitar esta trampa, debemos comprender el “vacío” de la Conciencia bajo una nueva luz. No es ausencia, sino la potencialidad pura de todas las manifestaciones; el lienzo en blanco que aguarda la creación, el silencio que precede la melodía. Es la ausencia de límites, formas y conceptos; el espacio donde todas las cosas pueden surgir y manifestarse sin restricciones ni condicionamientos. No es ausencia de ser, sino la presencia absoluta del Ser; la fuente de toda existencia, la Conciencia en su naturaleza más pura, el Yo Soy primordial. Y, lejos de ser estática o inerte, es una energía dinámica, en constante movimiento y exteriorización; la fuerza vital que palpita en todas las cosas, impulsando la creación y la expresión.

La dualidad del ser y del no-ser es un tema central en muchas filosofías espirituales. La Conciencia pura es simultáneamente no-ser y ser, abarcando ambos aspectos de manera paradójica. En su nivel más profundo, la Conciencia trasciende cualquier forma de existencia concreta, siendo el “no-ser” en el sentido de que se halla más allá de las limitaciones y categorías del mundo material. No obstante, al mismo tiempo, esa Conciencia es la fuente de todo ser, pues de ella emana todo. La experiencia de la dualidad, entonces, es una forma temporal y dinámica de la manifestación de la Conciencia, donde el ser y el no-ser se entrelazan en una danza eterna. Esta interdependencia entre el ser y el no-ser puede verse como la pulsación de la vida, donde la “nada” que antecede a todas las formas contiene en sí la potencialidad infinita de ser. El reconocimiento de esta paradoja nos permite vivenciar el mundo desde una nueva perspectiva, comprendiendo que cada cosa es al mismo tiempo transitoria y eterna, concreta y abstracta, existiendo como una manifestación temporal de la Conciencia absoluta.

La expresión “Yo Soy”, aunque aparentemente sencilla, encierra una profundidad inmensa. No se trata de una afirmación del ego, sino del reconocimiento de la presencia pura, de la conciencia primordial que habita en cada uno de nosotros. Es el eco de la propia Fuente, la manifestación individualizada de la Conciencia Universal. Al pronunciar “Yo Soy”, no nos referimos al cuerpo, a los pensamientos o a las emociones, sino al testigo silencioso que observa todo ello. Es la percepción de nuestra esencia inmutable, que trasciende los cambios del tiempo y del espacio. La experiencia del Yo Soy es una invitación a adentrarnos en nuestro interior, despojándonos de todas nuestras identificaciones y etiquetas. Es el encuentro con nuestra verdadera naturaleza divina, la constatación de que somos parte integrante de la Conciencia que penetra todo el universo. Es el despertar a la unidad, la disolución de la ilusión de la separación y la comprensión profunda de que somos, en esencia, la misma Conciencia que busca reconocerse a través de cada experiencia de vida.

La impermanencia es un concepto fundamental que afirma que todo en el mundo mental concreto es transitorio, que nada permanece igual durante mucho tiempo. Esta transitoriedad no se ve como una fuente de sufrimiento, sino como una característica esencial de la vida. En realidad, la impermanencia es la expresión natural de la dinamicidad de la Conciencia pura, que está en constante movimiento y creación. Al aceptar la impermanencia, nos volvemos más abiertos a la realidad tal como es, sin apego a las formas ni a los momentos pasados, pues comprendemos que todo está en flujo constante. Esta visión nos libera de la ilusión de control y nos permite vivir con mayor ligereza, acogiendo los cambios como parte integrante del ciclo de la vida. La Conciencia pura, como fuente de toda expresión, es por su naturaleza inmutable, pero el mundo concreto —con sus fluctuaciones y transformaciones— refleja esta cualidad de impermanencia. Así, al trascender el apego a las formas, podemos experimentar la estabilidad de la Conciencia en medio del caos del mundo material, reconociendo que el cambio no es una amenaza, sino una oportunidad para que surja lo nuevo.

La Conciencia pura, en su esencia, es amor incondicional e inteligencia plena. La manifestación de la Conciencia en el universo es un acto de amor y creatividad, un juego cósmico donde la Fuente se expresa a través de innumerables formas, incluyendo el ego y el mundo material. Este juego, esta danza cósmica, encuentra resonancia en las enseñanzas de diversas tradiciones espirituales, que ven la realidad como una expresión de la Conciencia divina.

El proceso de despertar no es un retorno, ni una aniquilación, ni siquiera una unificación del ego, como comúnmente se difunde, sino el simple reconocimiento de aquello que siempre hemos sido: expresión integral de la Conciencia primordial. No hay algo que deba disolverse o desaparecer, sino más bien el desvelar de nuestra esencia, que jamás ha dejado de estar presente. Es la constatación de que somos la propia Conciencia manifestándose en diferentes formas y experiencias. El cultivo del autoconocimiento y la vivencia plena del momento presente permiten que esta verdad se torne clara, conduciéndonos a la naturalidad del Ser que ya somos.

La Conciencia pura sigue siendo un misterio insondable. Al trascender las limitaciones del pensamiento y del lenguaje, podemos vislumbrar la verdadera naturaleza de este “vacío” primordial, descubriendo su intrínseca conexión con la plenitud de la existencia. Como Ramana Maharshi nos recordaba, la búsqueda de la Conciencia es, en última instancia, la búsqueda de nosotros mismos. La Conciencia pura no es un fin, sino un comienzo: un portal hacia un universo de posibilidades infinitas. Es la invitación a desvelar la verdad que reside en nuestro interior, reconociendo la divinidad que somos.

La Conciencia pura es frecuentemente descrita como amor incondicional, una fuerza que trasciende el apego, el juicio y la separación. Este amor no es un sentimiento romántico, sino una comprensión profunda de la unidad de toda la existencia. Al conectarnos con la Conciencia pura, experimentamos un amor que se extiende a todos los seres, independientemente de sus acciones o creencias. Este amor nos libera del ciclo del juicio y nos permite vivir con compasión, empatía y aceptación.

Nuestra esencia, la Conciencia, es la fuente de toda creatividad, el espacio donde surgen nuevas ideas e inspiraciones. Al silenciar la mente y conectarnos con la Conciencia, abrimos un canal para la expresión creativa. La creatividad no es solo una habilidad artística, sino una fuerza vital que nos permite resolver problemas, encontrar nuevas soluciones y expresar nuestra individualidad de manera auténtica. Al permitirnos ser guiados por la Conciencia, podemos transformar nuestras vidas en una obra de arte.

En la eternidad del Yo Soy,

Con Sinceros Deseos de Despertar,
Conscendo Sodalitas